Capítulo 19 –Puedes Dejarte el Sombrero Puesto-


Nena, quítate el abrigo. Muy lentamente

Quítate los zapatos, yo te quitaré los zapatos

Nena, quítate el vestido. Sí, sí, sí.

Puedes dejarte el sombrero puesto

-You Can Leave Your Hat On – Joe Cocker-

A la mañana siguiente cuando salgo de mi habitación, encuentro a Christian apresurado por irse del departamento. Después de las revelaciones de anoche, ni me agrada ni lo odio, pero evidentemente es alguien a quien voy a tener que tratar de tolerar. Por el bien de Ana y de Elliot. Él está intentando colocarse los zapatos y se detiene frente al espejo del pasillo para ponerse la corbata. Dejo la taza de té que estoy bebiendo y me dirijo hacia él, quitándole la corbata de su mano.

“¿Arreglaste las cosas, Grey?”. Él se estremece ante mi tacto cuando intento ponerle la corbata. Me detengo y me encojo de hombros. “No voy a abusar de ti”. Cierra sus ojos por un momento y asiente. Me las arreglo para hacer el nudo Windsor sin tocarlo en absoluto. Mira hacia su corbata y luego a mí.

“Gracias”, susurra. “Kate, en verdad me importa ella”. ¿Tanto que la golpearías hasta la sumisión? Quizás yo debería mostrarte cuánto me importa.

“Sí, bueno, tienes una manera extraña de demostrarlo, Christian”. Intento mostrar sólo una pizca de enojo y no toda la ira Kate Kavanagh. Puedo ver que él entiende lo que quiero decir pero aún mantiene esa frialdad en sus ojos, tratando de advertirme que me aleje. No en esta vida, Grey.

Y entonces dice algo que me toma por sorpresa. “Por favor, cuida de ella por mí. No puedo verla hasta el sábado”. Parece como si lo entristeciera ese pensamiento. Te estás delatando, Sr. Grey. Te importa más de lo que demuestras.

“Lo haré, pero no por ti. Sólo me pregunto, ¿quién va a cuidarla cuando yo no esté cerca? Sabes que me iré por dos semanas. ¿Qué pasará entonces? ¿Vas a lastimarla más porque yo no estaré aquí?”. Luce sorprendido y culpable. Como si lo hubiese atrapado con las manos en la masa. No le diré nada más al respecto.

“Espero que para el sábado, Ana y yo tendremos en claro hacia dónde vamos con esta relación. Tendrá todo el poder y protección que ella quiera. Tienes mi palabra”. Algo cambia en su lenguaje corporal y es escalofriante de ver. “Que tengas un buen día, Katherine”.

Volvemos a Katherine, ¿eh? “Que tenga buen día, Señor”. Me lanza una mirada de sorpresa que desaparece rápidamente y se va. Me pregunto qué cambiará el sábado. Mierda, ¡ella firmará un contrato! Una parte de mí se encuentra lo suficientemente curiosa como para ir a espiar en su computadora, pero no quiero traicionar su confianza. Por supuesto, ¡por eso le ha proporcionado tanta tecnología! De otra manera, todo esto estaría en mi computadora. Buena jugada, Grey. 

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Ana se va a su último día de trabajo en su nuevo Audi A3 que Christian le ha comprado. Estoy totalmente a favor de que ya no tenga que conducir su trampa mortal Wanda, pero regalarle un auto me parece un poco exagerado. Aunque claro, mi departamento, mi auto, mis ropas, todo es cortesía de mi muy generoso padre, así que quién soy yo para hablar. ¿Quién es tu papi, Ana? Para cuando regresa a casa, también posee un blackberry y debo tragarme todos mis comentarios sobre Christian, el maniático del control. Creo que Christian tiene unas ideas algo acosadoras sobre su seguridad y necesidades, pero tengo que admitir que lo está intentando.

Hago una lista en mi cabeza sobre las maneras en las que él ha demostrado que le importa. Hasta ahora, la ha salvado de ser atropellada por un ciclista, la ha rescatado de ser abusada en estado de ebriedad afuera de un bar (hasta anoche nunca había visto a José como una amenaza, pero ahora no estoy tan segura), le ha comprado ropa, un celular, una computadora, una muy costosa primera edición de literatura clásica y un auto mucho más seguro del que conducía, incluso más seguro que el mío. La observa como un halcón, la ha llevado a Seattle, la ha invitado a cenar, a tomar un café. Ha conocido a su padre y ella ha conocido a su madre. Cuales sean los secretos pervertidos que él guarda, al menos ella parece conocer algo sobre ellos.

Sospecho que también la ha introducido a un lado más oscuro del sexo y que ha llevado las cosas un poco lejos. Lo suficientemente lejos como para lastimarla física y emocionalmente, y mi cabeza lucha por decidir cuál de las dos es peor. Ella ha llorado unas cuantas lágrimas, pero al menos él mueve cielo y tierra cuando hace algo mal, para asegurarse de que ella se encuentre bien, ¿no? El problema es que da la sensación de que intenta controlar cada aspecto de su mundo. ¿Cómo se sentirá eso? Y más importante, ¿cómo hago para sacudirlo? No es que quiera ver a Ana herida, pero él parece querer una relación sin el tipo de compromiso que Ana quiere y merece. ¿Será él siquiera capaz de concederle eso?

Y después está todo ese otro tema, incluyendo a alguien intentando destruir su mundo y tal vez también el de Elliot. Debería ser más tolerante con él en lo que concierne a Ana. Quisiera preguntarle a Ana cómo se siente sobre todo, pero tengo el presentimiento de que ella no está lista para hablar. Quizás en dos semanas, cuando regrese de Barbados, se sentirá más relajada para hablar del tema. Quizás decida superar a Christian Grey.

Tengo tantas preguntas dando vueltas en mi cabeza, sobre Elliot, Christian, Ana… Todo lo que puedo hacer en este momento es mantener mis oídos y mente abiertos. Sé que Elena Lincoln parece ser una clave a un montón de la mierda que ocurre en sus mundos, y tendré que ser cuidadosa con ese tema si quiero investigar y averiguar algo. Sin embargo, lo que mi corazón me dice es que Ana y Christian tienen una conexión genuina y algo pervertida, y que Elliot está siendo sincero. ¿Es eso suficiente? Ahora mismo, tendrá que serlo. Pero todos tenemos un largo camino por delante que recorrer.

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Aún seguimos empacando esa noche cuando alguien toca a la puerta. Ana va a abrir y ese tipo Taylor, el chofer/guardaespaldas, está en la puerta. Una luz se enciende en mi cabeza. Taylor, ¿él podrá ser el Jason de quien Elliot me habló? Vino para recoger a Wanda y deshacerse de ella, lo que logra mi aprobación. Ana toma las llaves y se dirigen hacia el auto. Siento curiosidad así que me paro en la puerta, fuera de la vista, escuchando. Esuchar a escondidas no es algo bueno, pero él trabaja para Christian. Eso seguro lo hace territorio abierto.

Ana conversa con él cerca del auto y le pregunta cuánto tiempo hace que trabaja para Christian. Cuatro años. Este debe ser Jason.

“Es un buen hombre, Srita. Steele”, lo escucho decir. ¿Por qué siempre escucho esa misma descripción de él? Vuelvo dentro del departamento antes de que me vean.

Más tarde José aparece con comida rápida y nos sentamos a mirar televisión por lo que será la última vez. Los tres mosqueteros se separarán y es agridulce. En parte porque es el fin de una era, pero en su mayoría porque ahora no sé si él es quien le envió la fotografía a mi padre. Papá me ha enviado por mail la foto pero no he tenido oportunidad de darle más que un breve vistazo. Cuando Ana va a la cocina para abrir otra botella de vino, lo acorralo.

“José, necesito preguntarte si tú tomaste esta foto”, sostengo mi celular frente a él y espero mientras él la observa.

“Kate, tomé fotos de ti y Grey pero estaba sentado en el auto. Éstas parecen haber sido tomadas desde la calle de enfrente, ¿ves?”, me señala la pantalla y puedo ver de inmediato a qué se refiere. “¿De dónde la sacaste?”

“Un acechador se la envió a mi papá al periódico”, me encojo de hombros y guardo el celular.

“¿Y pensaste que había sido yo?”. Pobre José, luce decepcionado y herido.

“Lo siento, supongo que sólo me tomó por sorpresa. Si te sirve de consuelo, realmente esperaba que no hayas sido tú”. Mi sonrojo de humillación se ha extendido hasta mis pies. Vaya manera de arruinar una amistad, Kate. Ana vuelve a la habitación y cambiamos de tema rápidamente, pero creo que de alguna manera hice un daño irreparable.

Volvemos a mirar la televisión, cuando alguien toca la puerta y yo me levanto para ir a abrir. Elliot irrumpe por la puerta en cuando la abro y me toma en sus brazos, haciéndome reír.

Me mira por un momento y luego planta un muy caliente e intenso beso en mi boca, mientras me mueve en un giro estilo Hollywood. Oh Dios, este hombre es algo superior. Escucho el silencio incómodo que proviene desde el sofá, y nos soltamos para mirarlos y sonreírles.

Lo próximo que sé es que José y Ana se han ido del departamento en busca de un bar para darnos un poco de privacidad. ¿Qué clase de amiga soy? Supongo que la respuesta es una caliente y lujuriosa amiga. Elliot me levanta y me lleva hasta el sofá para sentarnos. Me acurruco en su regazo y acaricio su barba del día. Este hombre es tan hermoso en todas sus formas. Se da vuelta para besarme y después de un rato, me recuesta en el sofá y se coloca sobre mí. Nos besamos por un largo rato como un par de adolescentes en calentura, y se siente tan bien… Aunque el sentimiento es opacado por las miles de preguntas que quiero hacerle.

“¿Vas al menos a decirme hola?”, pregunto diez minutos más tarde, cuando me separo de él para recuperar el aliento. Su sonrisa es contagiosa.

“Hola”, sonríe y acaricia mi rostro. Luego besa mi mandíbula y mi cuello.

“Elliot. Detente”, me río y lo empujo así quedamos sentados, uno frente al otro.

“¿Qué? ¿Qué hice?”, pregunta, con una mirada de genuina confusión.

“No hiciste nada. Pero entre nosotros tiene que haber algo más que sólo sexo caliente y salvaje, y de todas maneras, ¿qué estás haciendo aquí?”

“Vine para ayudarte con la mudanza de mañana. ¿Recuerdas?”, luce confundido. Obviamente, su plan siempre fue quedarse a dormir esta noche para empezar temprano mañana. Sólo que olvidó decirme su plan. Hombres.

“De acuerdo. Gracias por compartir los detalles de tu plan. ¿Cómo sabes que no tengo a mi sexy amante español allí esperándome en mi cama?”, pregunto, provocándolo. Sus ojos se ensanchan y se levanta de golpe.

“¿Dónde está el maldito?”, recorre el departamento. Mierda, piensa que lo dije en serio. Corro detrás de él y justo cuando lo alcanzo en el pasillo fuera de mi cuarto, él se da vuelta con una gran sonrisa en su rostro y me toma por la piernas, arrojándome sobre sus hombros y llevándome hacia mi habitación, riendo.

“Troglodita”, lo golpeo en la espalda para hacerle saber que no estoy contenta. Él me golpea en el trasero y luego me arroja sobre la cama.

“Mmm… Mu-jer”, gruñe con su mejor voz de cavernícola y luego se lanza sobre mí en la cama. Me doy vuelta justo en el momento en el que él va a aterrizar y me pongo de pie en la cama, jadeando. Él se mantiene en su posición boca abajo y se queja, como si estuviese lastimado.

“Ohhhh”

Oh no. “Nene, ¿estás bien? ¿Te has lastimado?”, me pongo de rodillas a su lado revisando las partes de su cuerpo en busca de heridas, cuando él rueda, me agarra por la cintura y me arrastra hasta su estómago. Grito e intento golpearlo con mi mano, pero él la atrapa y la mantiene a distancia de su cuerpo. Lucho por recuperar mi mano, pero él es tan fuerte que no puedo obtener ninguna ventaja.

“Guerrera, Srita. K”, dice entre dientes. Intento poner todo mi peso en mover mi brazo pero no lo consigo. Luego me da vuelta, colocándome sobre mi espalda y sujeta mis brazos sobre mi cabeza, besándome apasionadamente. Mantengo mis labios cerrados pero él fuerza su lengua dentro, así que lo muerdo con suavidad. Oh, me gusta este juego. Se levanta para mirarme a los ojos, para controlar que esté bien. Sonrío para darle confianza. Luego se estira y toma el cinturón de mi vestido que está colgado del poste de la cama. Me acomoda y ata mis manos firmemente a la cabecera de la cama. Pongo un poco de resistencia, pero mayormente lo ayudo a acomodar mi cuerpo en la posición correcta.

“Kate, ¿te sientes cómoda haciendo esto?”, pregunta gentilmente y me hace sentir segura. Si este es el tipo de juego de rol que lo atrae, entonces yo estoy de acuerdo con ello. Realmente quiero esto. Asiento entusiasmada, con los ojos bien abiertos. Él parece aceptar mi decisión y comienza lo que sólo puedo describir como un ataque a mi cuerpo. Usando su lengua y labios, lame y besa desde mi mandíbula hasta mi cuello, mientras desabrocha mi blusa. Hace una pausa para mirar cuando descubre que no tengo corpiño puesto.

“Tienes los pechos más hermosos, Katie”, lo dice casi como con una reverencia mientras los venera  con sus manos y su boca, amasándolos y chupándolos. Mis pezones se ponen duros al instante. Lo necesito tanto y mi cuerpo se retuerce hasta que él coloca una de sus musculosas piernas entre las mías y mantiene mis caderas firmes en su lugar. “Quédate quieta, nena”.

Recorre mi estómago con su lengua, trazando con gentileza sus palmas por mi cintura. Su rostro está lleno de pasión mientras lame mi ombligo dejando un sensual rastro. Deja lánguidos besos sobre mi pecho mientras me quita los jeans. Me saco los zapatos para ayudarlo. Lentamente remueve mis jeans, besando mis muslos, rodillas y pantorrillas. Levanta mi pierna y me lame detrás de mi rodilla, provocándome un sensual espasmo. Ahora estoy casi desnuda y él completamente vestido, lo cual no me parece bien.

“Tu turno, Grey. Quítate toda la ropa al estilo Full Monty”. Sus ojos se iluminan al oír la referencia y se va hacia el living. Yo estoy ahí, acostada y esperando, cuando él regresa con el ipod y un sombrero de vaquero que estaba colgado en el pasillo. No sé si reír o no cuando reconozco las notas iniciales de You Can Leave Your Hat On, que explotan desde los parlantes. Él viste un sombrero de vaquero luciendo como Brad Pitt en Thelma y Louise, mientras se desabotona lentamente su camisa y se la quita. Oh Dios, de verdad te puedes mover. Estoy hipnotizada por los movimientos de sus caderas. Involuntariamente, me lamo los labios con mi lengua, y me siento arder de necesidad mientas espero a que él vuelva hacia mí, pero él continúa con su baile. Mueve una silla al centro de la habitación y comienza con la agonizante y sensual tarea de embestirla, primero observándome y luego sentándose a horcajadas para inclinarse sobre el respaldo, dejando sus abdominales expandirse. Su cuerpo es puro músculo tonificado y lo único que le faltaría es enjabonarlo en aceite de coco. Mierda, ¡eres tan sexy!

Camina hasta mí, desata mis manos, luego me levanta con facilidad y me mueve hacia la silla, donde me ata con mis brazos detrás de la espalda. Durante todo el proceso, continúa con sus movimientos de cadera como si fuese un bailarín stripper y creo que voy a prenderme fuego. Se para cerca de mí y se coloca a horcajadas de mis muslos en una posición de plie, acariciándose los muslos. Estoy casi segura de que estoy chorreando el asiento con mi humedad y él es tan bueno en lo que hace, que tengo ganas de gritar como una de esas locas mujeres en los clubs de striptease.

Con su miembro firmemente plantado frente a mi rostro, lentamente desabrocha sus jeans y baja el cierra, y juro que podría correrme de sólo observarlo. Sostiene su pantalón abierto, dejándome ver los bóxers que lleva debajo. Embiste un par de veces en mi rostro y beso su duro miembro a través de la tela, mientras él sostiene mi cabeza. Luego se aleja y se quita por completo los pantalones.

El resto de su cuerpo es tan musculoso como su espalda y estómago. Su piel es bronceada y su cabello rubio y es simplemente un deleite observarlo. Me muerdo con fuerza el labio, intentando no perder el control. Él se da vuelta y vuelve a sentarse a horcajadas, pero esta vez con su trasero en mi rostro y no puedo evitar frotar mi rostro sobre sus firmes nalgas. Intento agarrar sus bóxers con mis dientes pero se aleja, se voltea y vuelve a acercarse, de frente, para que lo intente de nuevo. Esta vez me deja hacerlo y yo trato de bajar cautelosamente sus shorts con mis dientes. Él se ríe.

Se sienta en mi regazo, con una mano recorriendo mi cuerpo, y yo me arqueo sobre su mano. Se aleja de nuevo y moviéndose al ritmo de la música, arrastra sus manos por mis muslos, los cuales mantengo firmemente apretados para evitar la explosión. Sus intenciones son evidentes cuando su rostro se coloca a la altura de mi cadera y abro mis muslos de golpe para que pueda observar mis pliegues, húmedos y calientes. Sus ojos se ensanchan e inclina su cabeza hacia atrás para mirarme.

“¿Puedo ayudarla con eso, señorita?”, dice en su mejor acento de Texas, y me lanza una sonrisa de suficiencia. Sonrío.

“Oh, sí, señor”, respondo en el mismo acento sureño. “Pienso que un grande y fuerte vaquero como usted podría ayudarme”. Pestañeo hacia él y me sonríe, mirando hambriento directamente mis regiones inferiores.

“Sí, señorita, creo que tengo la solución perfecta para eso”. Y entonces sus dedos se introducen en mí, mientras me besa. Dios, se siente tan bien. Levanto mis caderas y me muevo contra su tacto, para intentar sentir más. Mientras tanto, he desatado mis manos y levanto mis brazos para acariciar su espalda. Se quita los bóxers, revelando su firme y orgullosa erección. Me inclino para lamerla y él no retira sus dedos de mí.

Suavemente, me levanta de la silla y se sienta en mi lugar, permitiendo que me coloque sobre él, introduciendo su miembro directo en mi cuerpo. Ambos estamos tan listos que se siente increíble y en cuestión de unas pocas embestidas, los dos acabamos rápido y con fuerza, gritando nuestros nombres.

En este momento, he olvidado por completo todos los pensamientos sobre las investigaciones de mi padre, así como mis preocupaciones sobre Christian y Ana. Sólo se trata de mí y de Elliot, y mi corazón latiendo a mil por minuto. No quiero enamorarme tan deprisa, pero lo que veo en sus ojos, lo que siento en su tacto… Es casi imposible de resistir. Casi.

 

2 thoughts on “Capítulo 19 –Puedes Dejarte el Sombrero Puesto-

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  2. FANNY REBELLON BOLIVAR says:

    Vaya que buen striptips, me encanta como visualizas esa relación, son tal para cual, y Elliot me parece genial gracias sasha te quedo fabuloso el capitulo un beso amiga.

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