Capítulo 11 –Seda Sexy-


Seré como una seda sexy para ti,

Envuélveme a tu alrededor, una y otra vez

Seré tu gatita,

Tomaré tu leche ahora, ahora, ahora

Mis besos perdurarán toda la noche

Amarás seducirme y mordisquearme

-Sexy Silk – Jessica Cornish

Más tarde ese día, mi teléfono suena. Veo que es Elliot así que me esfuerzo en poner mi voz más sexy y de negocios. “Kate Kavanagh”.

“Hola Katie”, el sonido de su voz me deja sin aliento por un momento.

“Hola a ti también”, tengo una sonrisa de oreja a oreja. “¿Dónde estás?”

“Todavía en Portland, nena. Christian y yo fuimos de excursión y volvimos al hotel para bañarnos”. Tengo una visión de él caminando alrededor de la habitación sólo en toalla e inmediatamente me siento húmeda.

“Creí que ibas a volver a Seattle. ¿Por qué no estás aquí, conmigo?”, sonrío, intentando sonar juguetona pero luego me doy cuenta de lo que acabo de hacer. “Mierda, lo siento, Elliot. Eso sonó como una queja. No quise parecer una esposa molesta”.

Nena, jamás podrías ser molesta y la palabra esposa suena bastante genial”. Jadeo, sorprendida. ¿Qué demonios?

“Katie, no quiero regresar a Seattle sin ti. ¿Puedo ir a visitarte esta noche?”. ¡Él quiere verme! Intento no emocionarme pero no lo estoy logrando.

“Ni siquiera tienes que preguntarlo, Elliot. Arrastra tu trasero hasta aquí antes de que me prenda fuego”, quiero sonar sexy pero lo único que consigo es hacerlo reír.

“Salgo para allá. ¿Compro algo para cenar?”. Sólo si encuentras algo que puedas comer en mi cuerpo desnudo.

“Claro. ¿Te veo pronto?”

“Nos vemos, nena”. Cuelgo el teléfono y me apresuro a limpiar y a acomodar todo el lugar. Por un momento me pregunto si se quedará a dormir pero lo descarto, dado que se supone que debía estar en Seattle hace unas horas. Pero en su lugar, está viniendo para verme. No quedan dudas; siento que estoy enamorándome profundamente. Para empezar, no puedo creer que en sólo 24 horas haya mencionado las palabras ‘esposa’ y ‘amor’ e incluso haya bromeado sobre ellas. Éste no es el Elliot Grey que usa-y-deja, como mencionan en las páginas de internet.

Media hora más tarde, su camioneta estaciona frente a mi departamento pero él no sale del vehículo. Lo veo hablando y me doy cuenta de que está usando el teléfono del auto. Mira con cautela hacia el departamento y creo que me ha visto pero da vuelta el rostro. Parece ser una conversación acalorada y, aunque no pueda oír nada, siento como si me estuviera entrometiendo. Luego pone sus manos en el volante y apoya su frente en ellas. Me pregunto que habrá pasado, quizás le dieron una mala noticia o tuvo una pelea; y después de observarlo por un rato, no puedo esperar más. Agarro una chaqueta, la coloco sobre mis hombros y me dirijo hacia él. Doy un golpecito en la ventana del pasajero y subo.

“Hola”, pongo mi mano en su hombro y pareciera como si le quitara un peso de encima. Me nace la necesidad de reconfortarlo y más que nunca deseo ser la persona con la que él pueda contar siempre. Ni siquiera sé qué fue lo que lo alteró. Una vez más, me asusta lo mucho que deseo esto.

“Hola a ti también”, se acerca y me da un beso fugaz, colocando sus manos detrás de mi cabeza para acercarme aún más a él. Su mano acaricia mi cabello y me siento atraída por la intensidad de sus ojos. Siento como si me hundiese en ellos cada vez que los veo.

“Parecería que tienes los problemas del mundo sobre tus hombros, nene. ¿Quieres hablar sobre eso?”. Me doy cuenta de que quiere hacerlo pero hay algo que lo detiene. No creo que tenga que ver con la confianza; creo que se trata sobre el miedo. ¿Tienes miedo de mí o de tus secretos? Me duele pensar que los tenga, pero los hombres Grey son catalogados como un enigma social por un motivo. Tengo amigas que se han encontrado a Elliot en algún evento social y lo han deseado fervientemente. Si me pudieran ver ahora. Y en ese momento se me ocurre que tal vez él haya dormido con alguien que yo conozca y mi corazón se rompe. De manera muy poco convincente, intento convencerme de que el pasado es el pasado. No hay otra opción.

Él luce como si estuviera luchando con algo y no estoy segura de querer saber con qué. Acaricia mi rostro. “Vayamos adentro. Quizás puedas ayudarme a resolverlos. O a olvidarlos”.

Sonrío. “Puedes contar conmigo, nene”.

Entramos en mi departamento con las bolsas de comida que trajo. Levanto la bolsa hasta mi nariz e inhalo.

“Huele divino. No puedo esperar para ver si eliges la comida tan bien como cocinas”, le sonrío. Se ríe y continúa caminando, dejándome sorprendida por su repentino cambio de humor. Dejamos las bolsas en la mesada de la cocina y él comienza abriendo una botella de vino tinto. Como habíamos hablado en la tarde, ya tengo la mesa lista, con platos, vasos y una vela encendida en el centro. Un lento y seductor tema de jazz suena de fondo, algo de Chet Baker. Él sonríe y tararea la canción.

Y cuando me mira, parece notar por primera vez lo que estoy vistiendo: Un vestido que apenas cubre mi trasero, con un escote que pronuncia mi busto. Tengo el cabello recogido y mi rostro con un maquillaje liviano.

“Luces deliciosa, Srita. K”. Eso viene del hombre que es el sexo personificado. Deja la botella de vino y viene hacia mí, levantándome inmediatamente y colocándome sobre la mesada de la cocina. Sus manos recorren mi cuerpo y me aferro a sus fuertes brazos. Se inclina para besarme e introduzco mi lengua en su boca y su lengua juega con la mía. Oh deseo a este hombre, ahora mismo.

Desliza sus manos bajo mi vestido y jadeo cuando descubre que tengo puesta una tanga. Rápidamente, me voltea y chillo al quedar posicionada sobre mi estómago, con las piernas colgando.

“Elliot, ¿qué haces?”, río.

“Esto”, dice mientras levanta la pollera de mi vestido para examinar mi inapropiada prenda íntima. “¿Te olvidaste la ropa interior, Katie?”, jadeo cuando me acaricia el trasero.

Tengo la respiración entrecortada. “¿Qué quieres decir? Tengo ropa interior puesta”.

Sus manos recorren la longitud de la tanga hasta llegar al pedacito de tela que intenta cubrir mi sexo.

“Espero que no hayas pagado mucho dinero por ésta. Parece que le hubiesen arrancado un pedazo de tela”, dice inclinándose para lamer mis nalgas. Me estoy derritiendo y mis pliegues empiezan a mojar sus dedos. “¿Cómo esperas absorber toda esta humedad si no usas algo que te cubra apropiadamente?”. Su lengua se desliza para lamer entre mis piernas y empuja sus dedos dentro de mí. Ambos gemimos.

“Cuando me las puse, me parecieron totalmente adecuadas para esta noche”, jadeo. “¿Cuándo fue la última vez que te revisaron la vista, Sr. Grey? ¿Cuánto tienes, 30 años? Un hombre con una edad avanzada como la tuya quizás necesite bifocales para ver mi ropa interior”.

“29 y tengo un porcentaje del ciento por ciento en mi visión, Katie. Aunque jugar así contigo podría dejarme ciego”, retira sus dedos de mí y saborea de ellos mis jugos. Me levanta y me deja sobre el suelo, acomodando mi vestido. Comienzo a acercarme a él pero se mueve rápidamente para lavar sus manos y comenzar a organizar la comida.

“¿Qué? ¿Me vas a dejar con las ganas?”, hago una mueca de frustración.

“Oh nena, sólo tendrás que esperar para el postre. Es muy travieso de tu parte distraerme así. Sabes que soy muy goloso”, me guiña un ojo y saca de la bolsa el Cordero Korma con vegetales.

“No lo sabía, Sr. Grey, pero lo tendré en cuenta. Nada de dulces para ti”. Sonriendo, ocupo mi lugar en la mesa mientras él trae los platos y me sirve una copa de vino.

Comemos, saboreando los sabores exóticos de la salsa curry. Es hermoso observarlo apreciar cada aroma antes de tragar cada bocado. Se pasa la lengua por los labios para quitar la salsa de ellos y me distraigo pensando en lo que estaba haciendo con su lengua unos minutos antes. Es tan jodidamente sexy. Alza la mano y con su pulgar limpia un grano de arroz de la comisura de mi boca, y no puedo resistirme. Tomando su mano, agarro su pulgar entre mi boca y chupo con fuerza. Sí, te deseo Elliot Grey y si no me tomas pronto creo que arderé en llamas. Él se acomoda en su asiento y baja su mano para ajustarse los jeans. Río y coloco mi mano sobre su muslo. ¡Te tengo!

“¿Has tenido suficiente, Sr. Grey?”, susurro. Mi excitación se ve reflejada en sus ojos.

Deliberadamente, toma otro trozo de pan y yo bajo la mirada, riendo ante su provocación.

Con la misma deliberación, me paro y él empuja hacia atrás su silla como si fuese a levantarse para limpiar la mesa pero antes de que pueda moverse, me siento a horcajadas en su regazo. Con mis manos en su rostro, lamo la comisura de su boca.

“Mmm… Sabes bien”, jadeo apretándome contra él. Su erección se siente dura contra la tela de sus jeans y se frota justo en mi centro. “¿Estás listo para el postre?”, susurro.

Nuestras miradas se cruzan y luego inclina su cabeza hacia arriba, sonriendo. “Haz conmigo lo que te plazca, Katie”.

Oh, dalo por hecho, Grey. Desabrocho sus jeans y él se levanta para que pueda quitárselos. Sin ninguna vacilación, me arrodillo frente a él con su miembro en mi mano y lamo la punta. Sabe asombroso y él tira la cabeza hacia atrás, respirando hondo. Luego me mira, colocando su mano en mi cabello. Lo tomo en mi boca, profundo hasta mi garganta, enfundando mis dientes, arriba y abajo de su larga longitud. Puedo sentirlo luchar por contenerse, así que repito el proceso, logrando que se ponga aún más duro.

A punto de perder su control, repentinamente me levanta del suelo y me quita mi penosa excusa de ropa interior, dejándome mis zapatos de taco alto. Coloco mis manos en sus hombros, deleitándome de su fortaleza y balance. Me hace sentir tan sexy. Me siento a horcajadas nuevamente, tomando su miembro en mi mano y hundiéndome sobre él. Estoy caliente y escurridiza y la sensación es asombrosa. Él sisea.

“Demonios, Kate. Eso siente increíble”. Jadeo, mirándolo a los ojos. “¿Sin condón?”.

Me detengo por un momento, sin soltarle la mirada. “Confío en ti, Elliot”. Sus ojos se ensanchan y luego sonríe. Sosteniendo su mirada comienzo a moverme, hacia arriba y hacia abajo, lentamente. Él me sigue y comenzamos a formar el ritmo. Me baja la parte de arriba del vestido para dejar al descubierto mis senos y dirige su lengua hacia mis duros y sensitivos pezones. Mantengo el ritmo, llevándonos a ambos hasta la cima. Sus manos frotan el centro de mi clítoris, enviándome directamente hasta la cima, con espasmos a su alrededor. Y eso lo termina de detonar a él. Nuestros cuerpos se cubren de una delgada capa de sudor, mientras bajamos al mundo real.

Lo beso gentilmente y puedo sentir en ese beso todo lo que él no dice con palabras. No es un beso de pasión sino un beso de pura adoración y amor, y me sorprende que me pueda dar cuenta de la diferencia. Este hombre está cambiando mi vida.

Después de un rato, me levanto y voy hasta el baño para arreglarme. Cuando regreso, él ya ha limpiado la cocina y rellenado nuestras copas. Me entrega mi copa y me guía hacia el sofá. Inmediatamente me acurruco contra él, acariciando su hombro mientras él coloca su brazo a mi alrededor. Nunca nada en mi vida se había sentido así de bien o de correcto.

Nos sentamos en silencio, escuchando la música de fondo, y él observa las cajas empacadas que están contra la pared. Frunce el ceño.

“¿Cuándo te mudas?”, pregunta.

Lo miro. “El sábado. Tengo un departamento y un trabajo esperándome en Seattle. Pero eso ya lo sabías”, ahora soy yo la que frunzo el ceño, levemente. ¿Cuál es el problema?

“Quiero ayudarte con la mudanza. Mi hermana Mia llega de París el sábado pero Christian puede ir a buscarla. Si tú quieres, estoy disponible toda la mañana”.

“No tienes que hacerlo, Elliot”.

“Quiero hacerlo”. Su respuesta es firme, no deja lugar para discusión.

“¿Tienes un título de ayudante de mudanzas en tu currículo, Sr. Grey?”, lo miro con una sonrisa.

“Oh, Srita. K. Estoy seguro de que soy el hombre indicado para el trabajo”, su respuesta es atrevida y provocadora.

“¿Y qué habilidades especiales posees para este rol, Sr. Grey?”, pretendo mirarlo por sobre unos lentes imaginarios, asumiendo un rol de secretaria sexy, como si lo estuviese entrevistando para el trabajo. Él flexiona sus considerables bíceps y alza una ceja. Lanzo una risita y toco su brazo. Mierda, es tan fuerte.

“Sr. G, ¡qué músculos tan grandes tienes!”, mi voz ronca me traiciona, dejando en evidencia lo mucho que me está afectando su cuerpo.

“Y tengo una herramienta. Una linda… Y grande… herramienta”. Mis ojos se ensanchan y casi estoy salivando por el doble sentido de su frase.

“Sé que la tienes”, otra respuesta sugestiva. Mi temperatura comienza a elevarse y tan sólo su mirada es suficiente para hacerme retorcer. El aroma de sexo se siente en el aire.

“Y soy muy habilidoso con… mi herramienta”. Y con eso casi me vengo en el sofá. Él se inclina hacia mí y yo me tiro hacia atrás en mi asiento, riendo con fuerza en un intento de disminuir su efecto.”Vaya manera de herir el ego de un hombre, Katie”.

“Oh no me hagas puchero, Macho Alfa. Eso te meterá en muchos problemas”. Y no puedo evitarlo. Inmediatamente me encuentro en sus brazos, besándolo con fervor.

“Quiero tener sexo contigo en tu cama. Lenta y dulcemente. Así que arriba, Katie”, me palmea con fuerza el trasero y me levanto.

“Ow”, me froto el trasero mirándolo de manera petulante, pero en realidad eso fue sexy. Luego me levanto la pollera, dejando al descubierto mi trasero desnudo y comienzo a correr hacia mi habitación. Él se levanta velozmente de su asiento y me persigue. La mirada en su rostro me dice que se había olvidado de mi desvergonzada falta de ropa interior. Cuando llega a mi habitación, yo estoy parada sobre la cama, observándolo con una gran sonrisa. Mi corazón da un vuelco. Este hermoso hombre ha caído en mi vida y casi no puedo creer que sea real. Él me acecha lentamente y de repente se arroja hacia mí, tumbándome sobre la cama. Nos reímos y nos besamos con ternura.

“Katie, tengo que decirlo”, me mira con intensidad y yo contengo el aliento. “Te amo”.

“Lo sé”, susurro mirando fijamente sus ojos celestes. Y sé que yo también lo amo pero aún no puedo decírselo.

En su lugar, me acurruco bajo su cuello y pronto nos encontramos haciendo el amor, salvaje y ruidosamente. Gracias al cielo, Ana no esta aquí.

 

One thought on “Capítulo 11 –Seda Sexy-

  1. FANNY REBELLON BOLIVAR says:

    Guaw sasha que capitulo candela pura, siempre me intrigo algo esa relacion, sobre todo por la manera de ser de kate, ella es de carácter fuerte y es mandona pero es leal y dulce cuando quiere, sera interesante ver como se acopla elliot a ella, gracias sasha capitulo genial , y gracias a la traductora magnifico trabajo, solo les pido un favor no tarden tanto plisssssss un beso.

    Like

A penny for your thoughts, $5 if they're dirty...

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Change )

Google+ photo

You are commenting using your Google+ account. Log Out / Change )

Connecting to %s