Capítulo 9–Puramente Físico-


¡Están a punto de presenciar una elevación en la temperatura!

 Si tú quieres (Oh, sí)

Sólo hazme saber

Si lo entiendes porque

Es todo puramente físico

No seas tonto, nene

Sólo porque estamos bailando

Es tan sólo una ilusión, deja tus emociones para casa

-Strictly Physical – Monrose

Sorpresivamente, esta dicha doméstica tiene una extraña normalidad. Demasiado bueno para ser  verdad y absorbiéndome por completo. Elliot notó que el lavabo de la cocina necesita ser reemplazado y me dijo que él lo arreglaría mientras yo me iba a duchar. Me paro frente al espejo, observando mi reflejo. Esto es lo que quiero, ¿no? Una relación totalmente adulta con compromisos. ¿Cómo puedo estar sintiendo esto por él tan pronto? Tengo terror de ser ciegamente arrastrada a esta felicidad, creyendo en ella desesperadamente y luego ser golpeada por una horrible verdad que me hará pedazos. Él se aburrirá, o todo será para mantenerme ocupada mientras Christian seduce a Ana. Tiene que haber un motivo oculto porque nada puede resultar tan bueno así de rápido. Gente como Elliot y yo, no nos enamoramos simplemente. Manipulamos, aparentamos, usamos para no ser usados. Entro en la ducha. No puedo confiar en él. No confiaré en él. La conclusión me deja temblando. Las lágrimas comienzan a fluir y de pronto, él está en la ducha conmigo, abrazándome.

“Nena, no llores. Shhh. Por favor, no llores”. Me envuelvo en sus brazos y me doy cuenta de que se ha quitado la camiseta y los zapatos, pero aún está vistiendo sus jeans. No parece notarlo o no le importa. Me besa, con gentileza al principio, y luego sus besos van aumentando en pasión y urgencia. Tomándome en sus brazos, me saca de la ducha sin dejar de besarme. Mis brazos se envuelven alrededor de sus amplios hombros y mis piernas alrededor de su cintura. Lo siento duro contra mi sexo y ardo de necesidad, mientras recorre mi cuerpo con sus manos. Se siente tan bien, como si tuviera una línea directa a mi centro. Quiero más, y él siente esa necesidad.

Me deja sobre mis pies y me sostiene por la cintura mientras agarra una toalla y me envuelve con ella, escurriendo el agua de mi cabello. Apaga la ducha y mi mente registra que él está cuidando de mí nuevamente. Las lágrimas han cesado pero sigo temblando. Me seca completamente antes de entregarme mi cepillo de dientes con la pasta ya colocada. Su rostro es una imagen de impasibilidad que demuestra su bondad y me dan ganas de llorar otra vez. ¿Qué demonios pasa conmigo?

Nuestros reflejos en el espejo captan mi atención. Cualquiera que nos viera asumiría que tenemos una vida mágica. Dos personas hermosas que pertenecen juntas. Él, con su aspecto de robusto chico surfista, cabello rubio, ojos azules y  un rastro de barba. Yo, con mi enmarañado y húmedo cabello rubio oscuro, piel clara y ojos verdes.  No deberíamos tener problemas, tenemos juventud, belleza, dinero, y tenemos al mundo a nuestros pies. Pero todo es una ilusión dolorosa. Podría simplemente disfrutar tener sexo casual y luego avanzar sin arrepentimientos, ¿no? Seguro, pero el problema es que ya me estoy enamorando de él y sé que me lastimará. Quiero tener esperanzas, pero no soy estúpida. Me enjuago la boca y lo miro de nuevo en el espejo. Tan hermoso, tan falso.

“Quiero esto contigo, Kate”, me susurra en el oído, como si pudiese leer mi mente. Aprieto los dientes con furia.

“¿Qué es lo que quieres exactamente, Elliot? Todavía no me has hecho el amor. ¿Por qué?”. No me preocupa que no me encuentre atractiva físicamente. Sé que lo hace porque sentí su reacción hacia mí en la ducha y anoche en la pista de baile. No, me preocupa que él no quiera invertir en esto; sería mucho más fácil no pasar por la angustia. Quizás él presiente mi necesidad. Pero si lo ignora, entonces podrá continuar cuando Christian termine con Ana, y ambos podremos pretender que nunca pasó nada. Ésa es la razón por la cual su respuesta me sorprende y, al mismo tiempo, me frustra.

“No tenía un condón en la ducha. No quiero que luego tengas ningún tipo de arrepentimiento sobre esto, Kate”. ¿Qué quieres, Elliot? ¿Confirmación de que has hecho lo correcto? Su altruismo es reconfortante y endurecedor a la vez. Y de repente, me doy cuenta. ¿Debería estar preocupada?

“Estoy sana y tomo anticonceptivos. ¿Qué hay de ti, Grey?”, pregunto con una nota de veneno en mi voz. Quiero que sepa que estoy enfadada porque no quiere tocarme.

“Estoy limpio y quiero que sepas que puedes confiar en mí, Katie. Siempre. Pero, ahora mismo, no tienes ninguna razón para hacerlo así que voy a tener que ganarme esa confianza”. Si bien le creo que esté sano, no estoy tan segura sobre la parte de la confianza. Parecería que lo dice en serio. No le creas, Kate. Elliot Grey es conocido por haber dormido con la mitad de Seattle. Todo esto es sólo una estrategia.

“Elliot, yo…” ¿Qué quiero decir? ¿Que confío en él ahora? Quiero esto y lo quiero a él. Su intento de honestidad me tiene preocupada y me cuesta formar una respuesta adecuada. “¿Cómo sabes que puedes confiar en mí?”. Negando con la cabeza, se acerca a mí, me levanta y me sienta sobre el lavabo, separando mis muslos y ubicándose entre ellos. Pongo mis brazos alrededor de su cintura.

“Katie, me ganaste en el Heathman. Confío en ti completamente. Quiero decirte cosas que aún no estás lista para oír. Sobre todo, quiero hacerte el amor. Pero quiero… No, necesito ir despacio. No puedo explicarlo bien pero no quiero arruinarlo”. No me sorprende tanto como debería. Hay un tono de verdad en sus palabras que me hace desear desesperadamente creerle. Pero tiene razón, no quiero escuchar nada que después resultará siendo una dulce mentira.

“De acuerdo, Elliot, iremos con calma. Si empezamos declarándonos amor eterno el uno al otro, nadie nos creerá. Ni siquiera nosotros lo creeremos. Voto por que tengamos sólo sexo salvaje y que volvamos locos a todos con lo mucho que nos deseamos. Eso sí lo creerán”, pongo una sonrisa en mi rostro que no es nada sincera. Todavía hay ‘algo’ que me hace cuestionar sus intenciones.

Sonriéndome, me regala una risa suave y triste, mientras coloca la palma de su mano en mi rostro. “Tienes razón, ángel. Puedo ver que no quieres creer en ésto. No quieres confiar en mí. Pero necesito que sepas que esto es diferente para mí. Quiero gritarlo a todo pulmón. Mantener en secreto lo que siento por ti va a matarme”.  Es como si él pudiera ver dentro de mi alma y noto en sus ojos que es sincero con lo que está diciendo. Me está deshaciendo, rompiendo todas mis barreras de defensa. En vez de luchar contra mis impulsos, me inclino hacia adelante y lo beso. No sé qué es ‘ésto´. No puede ser… amor, es muy pronto y no es lo que los Elliot Greys y las Kate Kavanaghs del mundo hacen. Pero tiene razón, es intenso e hipnótico. Por favor, no me lastimes.

“¿Puedes guardar un secreto?”, susurro. Él asiente, con expectativa. Me doy cuenta de que quiere que confiese mis sentimientos. “Yo también”. Su risa es gentil, con un rastro de melancolía.

“¿Puedes realmente guardar un secreto?”, pregunta tocando suavemente mi mejilla con su nariz. Me alejo un poco para mirarlo a los ojos, y asiento. “Creo que te amo, Kate Kavanagh”.

¡Mierda! No hagas esto, Elliot, no lo arruines. No quiero que me digas que me amas y luego te vayas ileso cuando súbitamente cambies de opinión. Porque creo que también te amo y si me dejas, me dolerá tanto que querré morirme. Él debe notar el horror en mis ojos y mueve su cuerpo.

“Mierda, Kate, yo…”, se pasa una mano por el cabello y se aleja de mí. Diablos, ya se está alejando. “Lo siento, no sé por qué lo dije así abruptamente. No es que no lo haya dicho en serio, pero sé que ahora querrás salir corriendo y no te culpo”. Yo no, tú Elliot Grey, tú eres el que saldrá corriendo.

Me siento derecha y tomo su mano. “Elliot, está bien. Fue una sorpresa, eso es todo. Nadie me ha dicho eso antes”.

“¿Te refieres a tan pronto?”. Tiene la cabeza gacha, no puede mirarme a los ojos. ¡Demonios!

“No, me refiero a nunca”, le digo con tristeza. Levanta la vista y en su rostro hay una expresión de sorpresa. “Mira, los tipos caen por el físico, el dinero, las conexiones, pero no por la chica en sí. Siempre he sabido eso”. Sé que ahora va a retractarse de sus palabras y eso me decepciona. Lo espero pero aún así duele.

“Tú mereces que te lo digan seguido”, me susurra, mirándome fijo. “Si te sirve de consuelo, yo nunca se lo he dicho a nadie antes”.

“¿Nunca?”

“¿A una novia? Nunca”, niega con la cabeza. Wow. No sé cómo tomar esa información. Acaba de decir que me ama y ahora insinúa que me considera su novia. Mi corazón late a mil millas por minuto, tratando de no suponer, pero intento mantener la calma dejando un suave beso en su hombro.  Él me mira curiosamente. “Me tienes atrapado aquí, Srita. Kavanagh”

“¿Quieres que yo también te lo diga?”, pregunto, algo incrédula.

“No. Quiero que cuando lo digas, lo digas en serio. Si es que alguna vez lo dices. Es sólo que…”, duda, como si no estuviese seguro de cómo proceder. Su mirada luce perturbada. “Mira, no voy a retractarme si eso es lo que esperas. Ya lo dije y  lo dije en serio. Sí, te amo y  no espero sientas lo mismo… Aún. Pero por favor, danos una chance. Quiero probarte que estoy siendo sincero. Quiero que algún día me lo digas y que lo hagas porque realmente lo sientes. Puedo esperar… Sólo… No te alejes de mí, por favor”.

Wow, este hermoso hombre, quien en el fondo sé que es un manipulador, acaba de decirme que me ama. Y parece creer que lo dice en serio y yo quiero que sea así; pero en mi experiencia… “Elliot, no me estoy yendo a ningún lado. Pensando sí, pero no huyendo. También yo quiero decírtelo algún día y sentirlo. Así que, por favor, dame tiempo. Es sólo que tú eres… Bueno, tú. Tienes una reputación y lo que acabas de decir no encaja en la imagen que tenía de ti”.

“Sí, no todo es como se rumorea, ¿no?”. Niego con la cabeza y me lanza una pequeña risa. “De acuerdo, por ahora olvidemos que esto pasó, ¿sí?”

No creo que alguna vez vaya a olvidar esto. “De acuerdo”. Y me pregunto cuál de los dos está mintiendo más.

Me bajo del lavabo, me acerco y comienzo a desabrochar sus pantalones. “Estás mojado. Necesitas secarte”. Continúo desvistiéndolo, quitando sus pantalones y boxers mojados y colocándolos en la barra de la ducha para que se sequen. Aún estoy envuelta en una toalla y lo miro a los ojos. “Quizás no esté lista para decirlo con palabras, pero estoy más que lista para decirlo con esto”. Dejo caer mi toalla y quedo desnuda ante él. Sus ojos recorren mi cuerpo hambrientamente y rápidamente me envuelve en sus brazos. Con besos persistentes, recorre su lengua por mi piel, despertando todas mis terminaciones nerviosas. Soy toda sensación, parada aquí, temblando en sus brazos. Sus manos recorren mis lados y se arrodilla. Besa mi estómago y comienza a tocarme. Estoy tan lista y caliente. Con un golpecito de su lengua, obtiene un gemido de mí, mientras sus dedos me tocan como si fuera un piano. Empujo mi pelvis hacia su boca y él casi me lleva al clímax.

Antes de que pueda llegar, se levanta para besarme y me saboreo en su boca. Entre besos, murmura “Nena, sabes tan malditamente bien”.

Levantándome, me lleva hasta mi habitación. Puedo sentir su erección contra mí y mi clítoris arde con necesidad. Dejándome gentilmente sobre la cama, amolda mis senos en sus manos y luego sus labios los recorren, lamiendo y mordisqueando. Se siente tan bien, desata una profunda necesidad en mi centro. Escucho un gemido y me doy cuenta de que soy yo.

Deslizándose hacia abajo, va besando y lamiendo cada superficie de mi cuerpo. Su mano se posa entre mis piernas e introduce dos dedos dentro de mí, masajeando suavemente la pared interna. Gira su lengua sobre mi clítoris, causándome una descarga eléctrica, y luego comienza a chupar. Comienzo a escalar y alcanzo mi orgasmo rápida e intensamente, él chupando mis jugos. Deja sus dedos dentro de mí mientras vuelve a besar mi boca. Me puedo saborear en él y es tan erótico.

Siento su pene duro contra mi estómago y comienzo a tocarlo. Grueso y poderoso, pero suave y sedoso. Lo quiero dentro de mí y él parece presentirlo. Sacude su cabeza y mueve la palma de mi mano sobre su verga hasta que nuevamente estoy acariciando su larga longitud. Tiene el cuerpo tieso, su cabeza posada en el brazo mientras se inclina en la cama a mi lado. Beso su pecho y su cuello sin perder el ritmo, y luego llego hasta su boca. Sus dedos vuelven hasta mi necesitado centro y nos besamos, mientras nos acariciamos el uno al otro.

Una vez más, me siento escalar cuando su pulgar juega con mi centro. Se siente tan malditamente bien y su pene parece volverse más duro a cada segundo. No puedo detenerme y me vengo, de nuevo. Rápidamente, me muevo hacia abajo para tomar su miembro en mi boca. Sabe tan bien y lamo alrededor de la cabeza de su verga. Él toma un condón de la mesita de luz y lo abre con prisa. Lo ayudo a colocárselo sobre su larga y dura erección, y luego me siento a horcajadas de su cadera, empalándome.

“Mierda, Kate. Jesús, eso se siente tan bien”. Tanta blasfemia me enciende aún más. Me muevo, adaptándome a la invasión de su larga longitud en mi cuerpo. Ha pasado un tiempo y estoy apretada a su alrededor. Comienzo a moverme, lento al principio, deslizándome arriba y abajo sobre su pene. La presión es demasiada y escalo increíblemente rápido. Su pulgar me acaricia de nuevo y  llego a la cima con un orgasmo que me quita el aliento.

En un movimiento rápido y aún dentro de mí, me levanta y me deja sobre mi espalda. Toma mis muslos con los brazos y me penetra duro, tratando de llegar tan lejos como le sea posible. Coloco una pierna sobre su hombro para darle mejor acceso. Está tan profundamente dentro de mí que puedo sentirlo en la parte baja de mi estómago y es una sensación asombrosa. Se retira lentamente y luego penetra con fuerza. Grito con el impacto.

“Mierda, ¿te lastimé?”. Niego con la cabeza.

“No, se siente increíble”. Él vuelve a moverse. Nos movemos rápido y duro y ambos escalamos hacia la cima con la sensación. Su respiración está agitada y los sonidos de sus pequeños gruñidos y  de sus bolas golpeando contra mi piel, me excita más de lo que jamás creí posible. Escalo y escalo con cada penetración y finalmente encuentro mi liberación, viniéndome con un grito.

“Demonios Kate, nena”, grita mientras termina dentro de mí. Colapsa sobre mi cuerpo y bajo mi pierna, colocándola en una posición normal. “¿Fuiste algún tipo de gimnasta? Nena, eso fue jodidamente increíble”.

Sonrío. Diste en el blanco, Sr. G. “Tú también estuviste fabuloso”. Y me río un poco, con él aún dentro de mí, despertando nuevamente sensaciones.

“Diablos, mujer. Vas a ponerme duro de nuevo. Detente”. Su respiración sigue estando agitada, lo que me produce más risa. Luego, ambos nos quedamos quietos y nos miramos fijo a los ojos. Es íntimo e intenso y los dos comenzamos a movernos de nuevo. Me besa y comenzamos a tomar ritmo, pero esta vez es más controlado y gentil. Hay una especie de reverencia en este acto y alcanzamos el clímax, juntos, mirándonos a los ojos.

“Mierda, Kate. Demonios”. Su respiración está agitada, igual que la mía. Bajamos juntos del clímax, abrazados.

3 thoughts on “Capítulo 9–Puramente Físico-

  1. FANNY REBELLON BOLIVAR says:

    Waw sasha eso fue intenso, fue un bello comienzo, kate se ve superficial pero no es asi, es genial elliot es genial gracias sasha es increible que se te haya ocurrido hacer esta historia y de paso bien escrita te felicito un beso.

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  2. Ericka says:

    Muy bueno este capitulo, lo espere por dos semanas. Esta Ardiente, intenso y lleno de sensibilidad. Felicidades y gracias por compartirlo.

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