Capítulo 4 –Soy Sexy y lo sé-


Cuando hago mi entrada, esto es lo que veo
Todo el mundo se para a mirarme
Tengo pasión en mis pantalones y no tengo miedo de mostrarlo, mostrarlo, mostrarlo…
Soy sexy y lo sé

-Sexy and I Know It – LMFAO

Tenemos tiempo suficiente de organizar todo para la sesión de fotos hasta que llegue Christian Grey, pero con mi ansiedad estoy sobrepasando los límites de todos. Tomar control de la organización es mi segunda naturaleza; sin embargo, al decirles a José y a su asistente, Travis, dónde ubicar sus herramientas, me gané una mirada de no-nos-digas-como-hacerlo. Generalmente, José y yo trabajamos bien juntos y frecuentemente me pregunto si él no estará perdiendo su tiempo al estudiar ingeniería. Sin embargo, hoy estoy siendo una perra entrometida, y parecería que tiene ganas de tomar mi portapapeles y metérmelo por el trasero. En el pasado hemos tenido suficientes charlas estando ebrios, en las que he prometido conseguirle un trabajo en Medios Kavanagh, pero José es inteligente y está comprometido en mantener a su familia. Y simplemente no ve a la fotografía como una manera de lograrlo. Es una pena y una gran pérdida de talento.

Ana se pasea nerviosamente, mirando hacia la puerta cada pocos minutos. Desearía que se calmara un poco. Hace unos momentos, uno de los ejecutivos de marketing del hotel apareció, intentando mandar. En consecuencia, hice uso de mis encantos y logré que el idiota comenzara a salivar. Sí, sí, lengua en su lugar y ojos en la cara, grandulón. En poco tiempo lo tengo comiendo de la palma de mi mano, ofreciéndonos refrescos o incluso ayudando a mover muebles. Ana me mira con desaprobación pero no es mi culpa que algunos hombre sean tan fáciles de manipular. Caen rendidos a los pies de una cara bonita y un buen cuerpo. Me encantaría que por lo menos una vez un hombre notara mi inteligencia antes de babear por el envase. Pero qué más da. Como siempre digo, si lo tienes, presúmelo.

Por otro lado, podría ser más como Ana, que es tan reacia que no deja que el mundo vea lo inteligente y hermosa que es. El centro del escenario no es su estilo y casi envidio un poco su completa falta de vanidad. Ella parece no necesitar la afirmación del resto. ¿Yo? Estoy tan acostumbrada a tener que luchar para que la gente me note realmente y no vea sólo una cara bonita, que no estoy segura de conocer otra forma.

¿De qué manera trato al resto? Mi lado entrometido se apodera de mí y sé lo dominante que puedo llegar a ser cuando ordeno cosas. Mirando a Ana y a José, me doy cuenta de que ésta situación es mucho más que una historia para el periódico. Todos estamos nerviosos por diferentes motivos y tantas cosas dependerán de lo que suceda en la próxima media hora… Quiero mantener a todo el mundo ocupado para que no piensen demasiado, especialmente Ana. Sigo dándole ordenes a todos para distraerme y no verla pasearse nerviosa y llena de ansiedad por la llegada de Christian Grey.

Finalmente llega la hora y él aparece, con su guardaespaldas, entrando en la habitación como si fuera el dueño. Y probablemente lo sea. Inmediatamente veo qué es lo que produce tanto alboroto. Las fotos no le hacen justicia. Si es bellísimo en fotos, en la vida real es impactante. Luce tan relajado y elegante que nos arrastra a todos dentro de la red de Christian Grey. Pero, cuando saluda a Ana, sucede lo esperaba que no sucediera. No existe nadie en la habitación, más que ellos dos. Mierda. Se miran el uno al otro; ella como si quisiera rendirse a sus pies y él como si quisiera devorarla. Si no lo estuviera viendo con mis propios ojos, nunca lo hubiera creído, y puedo sentir la tensión emanando del cuerpo de José.

Eventualmente, Ana recupera su compostura y recuerda que debe presentarnos. Bien, Grey, veamos lo que tienes. Lo miro directo a los ojos. No vas a intimidarme, Grey, éste es mi show. Y conozco a los de tu tipo. Intento sostenerle la mirada, cuando noto que parece estar… ¿qué?… ¿riéndose de mí? Vete al demonio, Grey; no eres para tanto.

“La tenaz señorita Kavanagh. ¿Cómo está? ¿Se siente mejor? Anastasia dijo que se encontraba enferma la semana pasada”. ¡Anastasia! ¿Qué le pasa a este tipo? Suena como el director de una escuela hablando de una estudiante traviesa. Anastasia fue descubierta fumando un cigarrillo en el baño de mujeres. Tendrá que ser castigada severamente hasta que muestre arrepentimiento y se comporte correctamente.

“Estoy bien, gracias, Sr. Grey”. Sonrío y estrecho su mano, pero tengo la mandíbula tan tensa que creo que se me romperán los dientes. Simplemente no confío en este hombre. Hay algo que no está bien aquí y tengo que resistir el abrumador impulso de meter a Ana en mi auto y alejarla de este lugar a toda velocidad. Enseguida surgen mis modales. No voy a aguantarme esa actitud, Grey. “Gracias por ocupar tiempo de su atareada agenda para hacer esto”.

Ana parece sentir la tensión y nos interrumpe para presentar a José y a Travis. Lo veo observar con atención a José. Se disparan los niveles de testosterona cuando José encuadra los hombros y se hace notar en el lugar. Él no tendrá la altura de Christian Grey pero su físico está bien definido y posee una belleza exótica.

Sí, Grey, José puede enfrentarse a ti. Por supuesto, él no tiene tus… Recursos… pero si obtiene una mínima señal por parte de Ana, tú no tendrás chances. Mejor aún, no viene de nuestro mundo, Grey; no puedes intimidarlo. En este momento, no podría estar más orgullosa de José y me deleito de ver cómo se le eriza el cabello a Christian Grey.

“¿Dónde quieres que me ponga?” le pregunta Grey a José con un tono calmo pero amenazante, lo que me hace enfadar. Número uno, José vale diez veces más que tú, Christian Grey; número dos, éste es mi show; y número tres no intentes mandarnos, ¿de acuerdo? No me vengas con tu pequeño acto de yo-soy-el-más-hombre.

“Sr. Grey, podría sentarse aquí, ¿por favor? Tenga cuidado con los cables de la iluminación. Y luego tomaremos también algunas de pie”. En realidad, me encantaría verlo tropezarse con los cables pero después tendríamos que lidiar con una demanda y sospecho que mi pequeña victoria sería opacada por los increíbles recursos legales de Christian Grey. Lo dirijo hacia una silla contra la pared. Entonces José toma el mando e intento esconder una sonrisa al escucharlo ordenarle a Grey que mire aquí y allá. Él está en su territorio mientras sutil, rápida y eficientemente manipula los movimientos de Grey. Oh sí, toma eso Grey. Pero luego noto las miradas entre Ana y Grey. José quizás tenga el control de las fotografías; Grey tiene el control total de Ana. El demonio dentro de mí decide aparecer de nuevo.

“Suficientes sentado”. Él parece muy cómodo de todas maneras. “¿De pie, Sr. Grey?” Se pone de pie y Travis quita la silla. José comienza nuevamente a tomar fotografías y Christian Grey simplemente luce como un supermodelo. Bastardo.

Cinco o diez minutos más tarde, José ha tenido suficiente. Tomarle fotos estando parado no mejoro la situación. Christian Grey no luce mal de ninguna forma. Esa es, probablemente, la única cosa que tenemos en común. Lucir perfectos nos resulta a ambos fácil y difícil al mismo tiempo. En mi caso, el hecho de ser bien recibida tan rápido por los hombres, me hace creer que de verdad me ven cuando todo lo que quieren es una cara bonita, el dinero o los contactos. Y justo cuando empiezo a sentir un poquito de simpatía por Christian Grey, me regaño mentalmente. No quiero sentir nada hacia él.

Al final de la sesión fotográfica, José, Travis y yo estrechamos su mano y luego Ana lo guía hasta la puerta. Lo próximo que sé es que le pide a Ana que lo acompañe. ¿Qué demonios? Ellos abandonan la habitación dejándonos a los tres estupefactos.

“¿De qué diablos se trata todo esto?” pregunta José, sin quitar sus ojos de la puerta. Oh mierda. Tengo un repentino ataque de culpa porque sé que José saldrá herido de esta situación. A lo largo de los últimos años he visto a José enamorarse cada vez más de Ana y, hasta ahora, siempre creí que algún día podría tener chances. Pero parece que ha sido eclipsado.

“Acabas de presenciar todo el carisma que el dinero puede comprar” digo sin ocultar el sarcasmo en mi voz. José me mira. “No estés tan intimidado por él, José. Es sólo una cara bonita”.

“Sí y una infinita cuenta bancaria”, murmura. Luce completamente rechazado y mi corazón sufre por él.

“Mira, ¿realmente crees que Ana va a caer por su dinero? No es esa clase de chica y lo sabes. Pero si la quieres… Realmente la quieres… Entonces no deberías dejar pasar mucho tiempo. Creo el Sr. Grey tiene un plan diseñado para nuestra Ana y no querrás que ese barco en particular zarpe. Tengo la horrible sensación de que si él tiene la oportunidad, podría llegar a herirla”, declaro en voz baja.

“¿Debería ir tras ella?”. Él está buscando en mí la aprobación que no puedo darle. Si realmente la quiere entonces debería dejar de ser cobarde, lo que parece que no ocurrirá si sigue actuando como un cachorrito enamorado. El objeto de su afecto entra nuevamente al cuarto y me pide intercambiar autos para poder ir a tomar un café con Christian Grey. Cada hueso de mi cuerpo quiere decir que no, pero no lo hago. Una parte de mí espera que si ella va con él, pueda sacárselo de la cabeza. Aunque por alguna razón dudo que eso suceda. Puedo sentir a José volverse más desanimado a cada segundo, así que intento que Ana se vaya lo más rápido posible, advirtiéndole que tenga cuidado.

Continuamos guardando todo el equipamiento en silencio cuando siento otra presencia en la habitación. Levanto la vista y me quedo sin aliento. Elliot Grey está parado en la puerta, luciendo completamente espléndido en una camiseta y jeans negros. Con su cabello rubio oscuro bien peinado y sus ojos azules, que escanean el cuarto. Sus ojos posan sobre mí y automáticamente dejo todo lo que estoy haciendo. Sé quién es por mis investigaciones y las múltiples apariciones que ha hecho en eventos sociales.

“Hola. Estoy buscando a Christian Grey. El conserje dijo que estaría aquí”. Sonríe, una total sonrisa de Dios del Sexo y siento temblar mis piernas. Wow, ¿cómo hizo eso? Increíblemente todas las palabras se desvanecen de mi mente y no puedo concentrarme en otra cosa más que en su belleza. Tiene la apariencia de chico surfista pero con la contextura de un deportista. Tengo que recordarme cerrar la boca.

José nos mira y se encoge de hombros. “El Sr. Grey no está en el edificio. Ha ido a tomar un café con Ana”, dice y continúa guardando sus cosas.

Elliot me mira de manera inquisitiva. “¿Ana?”. Luce desconcertado y de pronto vuelvo a ser yo.
“Sí, Ana Steele, mi asistente”. Siento a José y a Travis observarme pero continúo hablando, esperando que ninguno me contradiga. “Hemos estado haciendo una sesión fotográfica para mi periódico. Soy Kate Kavanagh, editora del Periódico Estudiantil WSU”. O al menos lo seré por algunos días más. Camino hacia él pero es tan alto que tengo que inclinar un poco la cabeza hacia arriba antes de extender mi mano. Él la toma y siento una chispa de electricidad. Mierda, ¿qué sucede conmigo? Luego lo veo en sus ojos. Él también lo sintió.

“¿No eres la hija de Sam Kavanagh? ¿De Medios Kavanagh?” pregunta sonriendo, sin soltarme la mano. Oh su sonrisa es tan seductora.

“La misma. ¿Nos hemos visto antes?” Sé que no, lo recordaría. Dado que nos movemos en círculos sociales similares, es increíble que nunca hayamos cruzado caminos hasta ahora. Comienzo a arrepentirme de ello.

“Elliot Grey, de Construcciones Casey-Grey y el hermano mayor y más apuesto del reacio Christian Grey”, sonríe con superioridad y entonces se rompe el hechizo. Oh ¿un autoestima tan elevado, Sr. Grey? Veamos qué podemos hacer al respecto.

“Mmm… Estoy segura que muchos dirán eso solo para acariciar su ego masivo” sonrío.
Un destello de fastidio y una sombra de petulancia aparecen en su mirada. Mierda, ¿fui demasiado lejos?

“Vaya, señorita Kavanagh. ¡Sacando las garras tan pronto en nuestra relación! ¿Quién lo hubiera pensado?”

“Sr. Grey, no creo que tengamos una relación”. ¿Dónde escuché eso antes? Sonrío dulcemente. Oh pero como me gustaría tenerla, ahora mismo en esta habitación. Si sólo José y Travis no estuvieran aquí. Y en ese preciso momento, ellos empiezan a llevar todo el equipamiento fuera de la habitación hacia los ascensores, dejándome sola con Elliot Grey.

“Creo que te estás engañando a ti misma, nena”. Su voz no es más que un suspiro y su frase me provoca atracción y rechazo al mismo tiempo. Mi cuerpo traidor lo desea fervientemente, pero mi mente lógica tiene ganas de golpearlo hasta la próxima semana. “¿Estás pensando en darme una cachetada, ángel?” se inclina hacia mí y me horroriza que pueda leer mi mente.

“No querría ensuciar mi mano, Sr. Grey”. Sí, miéntete a ti misma, Kavanagh.

“Eso me decepciona un poco, Srita. Kavanagh… Katherine… Kate… Katie”. Se acerca aún más, su voz bajando un tono con cada pronunciación de mi nombre hasta que finalmente no es más que un ronco susurro. Me tiene casi presionada contra el marco de la puerta. ¡Mierda! ¿Dónde están José y Travis? Por primera vez en mi vida me siento totalmente desconcertada por este… vikingo. No porque sea hermoso o me sienta físicamente intimidada, sino porque incluso cuando no me está tocando, el aire entre nosotros está cargado de esa particular electricidad. Ningún hombre me hace sentir así.

“¿Se siente un poco impotente, Sr. Grey? Qué pena” digo, intentado desesperadamente no quitar la vista de él. No quiero que piense que tiene ventaja. Su rostro adquiere una mueca de dolor, como si lo hubiera pateado. Y, aunque sé que todo es un acto, tengo ganas de consolarlo.

“Ouch”, susurra. Pone una mano sobre su corazón y se aleja un poco de mí. En ese momento, la puerta del ascensor del hall se abre y Travis y José aparecen. Juntan el resto de las cosas y comienzan a alejarse nuevamente.

“Estaremos listos para irnos en 15 minutos, Kate”, me dice José al salir. Vuelven al ascensor y se van.

“Bueno, Katie. ¿Qué podemos hacer en 15 minutos?”, Elliot Grey me sonríe, de brazos cruzados. Nadie me llama Katie y vive para contarlo… A menos que sea mi papá. Elliot Grey lo dijo dos veces en los últimos minutos. La sonrisa de suficiencia está de vuelta en su cara y tengo que luchar para que no se me escape una risita. De pronto, ambos comenzamos a reírnos y la tensión desaparece. Me alejo de él para ir en búsqueda de mis cosas. Él me sigue, toma mi chaqueta y la sostiene para que me la ponga.

“Gracias”, murmuro, agarrando mi mochila. Sus manos enderezan el cuello de mi chaqueta y esa molesta electricidad vuelve a correrme por el cuerpo. Intento pelear el impulso de envolverme en sus brazos y enterrar mi cabeza en su pecho. Desliza su mano desde mi hombro hasta mi espalda y gentilmente me inclino hacia él. ¿Va a besarme? Mierda, realmente quiero que me bese.

“Déjame acompañarte hasta el ascensor, Katie”, dice, guiando el camino. Se produce un silencio mientras esperamos.

El ascensor llega y sin romper contacto, entra conmigo. Las puertas se cierran y con su mano libre presiona el botón para ir al vestíbulo. Teniéndolo tan cerca, me cuesta respirar con normalidad. Su proximidad es estimulante y perturbadora; no se parece a nada que haya sentido antes. Christian Grey es atractivo y hermoso de una manera taciturna, pero es frío. Elliot Grey es como el sol; todo rubio, bronceado y robusto. Y lo más importante, tal como sucede con el sol, existe una cierta fuerza de gravedad entre nosotros que me hace sentir como un planeta atrapado en su órbita.

Finalmente las puertas se abren y lo escucho soltar el aire que tenía contenido. Lo miro y noto que tiene los ojos cerrados, como si estuviera intentando calmarse. Cuando los abre y me mira, veo una intensidad asombrosa. Oh dios, vas a necesitar más helado, Kavanagh. Llegando a la entrada, no puedo entender por qué deseo tanto que me envuelva en sus brazos. No soy del tipo posesivo que disfruta haciendo demostraciones públicas de afecto, pero deseo mucho a este hombre y no me importa quién nos vea.

Una vez más, como si leyera mi mente, él murmura “Me encantaría besarte, Katie Kavanagh, y no puedo entender por qué”. Mi corazón da un vuelco mientras caminamos hacia la puerta.

Dándome la vuelta para mirarlo, veo el conflicto en sus ojos. ¿Cómo puede estar sucediendo esto tan pronto? Parecería que fuera una mala novela de romance que tiene su trama completa en el primer capítulo. La gente no se enamora a primera vista. Especialmente, la gente hermosa. Sabemos que no debemos confiar en la atracción instantánea. Siempre termina mal.

Fingiendo valentía, toco su rostro. “Lo superarás, Grey”. Y luego me doy vuelta, caminando con piernas temblorosas hacia la puerta y con escuchando su risa detrás de mí.

“Nos vemos, nena”. Vacilo, pero no miro atrás. Caminando en el sol primaveral, vuelvo a respirar con normalidad. ¿Qué demonios fue eso? Intento desesperadamente no echar un vistazo cuando me subo al auto, pero no puedo evitarlo. Él se encuentra casualmente reposando sobre el marco de la puerta, observándome. Me sonrojo… Demonios, yo nunca me sonrojo. Se ríe y me saluda con la mano. Oh dios, ¿qué acaba de suceder?

6 thoughts on “Capítulo 4 –Soy Sexy y lo sé-

  1. FANNY REBELLON BOLIVAR says:

    Wau amiga que capitulo tan espectacular, me rei en ciertas partes como quesi alguien la llama kati vive para contarlo ja ja ja genial, escribes de maravilla, esta historia tuya puede ser un bombazo para las fans de cristian voy a promocionarte hablo por chat con varias grey@dictas, y podrias hablar con sirocco alli te promocionarias muy bien y las amigas estan deseosas de mas historias de nuestro 50 s,y mas si son de katerine y elliot los amamos el por adrable y picaro y ella por dominate pero muy inteligente y buena amiga de ana gracias amiga te felicito te la comiste en este capitulo un beso.

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  2. Janitzia Berrido says:

    Me han encantado estos cuatro capítulos. Es interesante e intenso saber y conocer la forma de pensar de Kate y su relación con Elliot. Me fascina!!!Gracias por escribir y hacernos soñar mas allá de lo que sabemos!!!!!

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  3. Ericka says:

    Madre mia, esos dos hermosas se enamoraron locamente a primera vista, q emocion😉

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  4. milethgreyy says:

    me encanto cuando le dijo lo superaras Grey genial me encanto😉 siguele me encanta esta historia

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